REUNIONES

Adoración

En nuestras reuniones compartimos un tiempo de adoración en conjunto con toda la iglesia, es en esta instancia donde nuestras vidas se vierten como un perfume buscando agradar a nuestro Señor Jesús, nos deleitamos expresando nuestra gratitud a aquel que nos ha dado la vida, al único Señor y autor de toda la creación. Es maravilloso poder participar de estas instancias en donde la iglesia como una novia, entona alabanzas a su amado, buscando su rostro y anhelando su presencia. Escuchamos su voz, que viene como respuesta a nuestra adoración, vivimos momentos intensos y amorosos en donde podemos percibir y experimentar su agradable abrazo, como la de un padre a su hijo.

Este es nuestro Dios que en cada domingo nos sorprende en la adoración, llevándonos a tener maravillosas experiencias con Él.

¡Aleluya! Cantad al SEÑOR un cántico nuevo: su alabanza en la congregación de los santos, Salmos 149:1.

Palabra

Finalmente después de un gran momento de adoración a Jesús, en donde él es el principal protagonista de todo, habiendo sido expuestos a un tiempo de comunión y ministración del Espíritu Santo en donde nuestras vidas han sido alineadas, nos preparamos para recibir la palabra del Señor. En este tiempo de exhortación y ministración, nuestras vidas son impactadas y llevadas a nuevos niveles de revelación. A través de su palabra somos transformados mediante la renovación de nuestra mente aprendiendo cual es la voluntad de Dios: lo que es bueno, agradable y perfecto.

La cena del Señor

Juan 6:51 – 56 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne.

Los judíos entonces contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.

Este es un tiempo hermoso en donde como un cuerpo tenemos comunión con Jesús, el poder de su sangre penetra en nosotros revistiéndonos y cubriéndonos. Sus promesas permanecen para siempre.